martes, 28 de mayo de 2013

Imaginarios Urbanos


El propósito de Armando Silva es comprender lo que tiene que ver con el uso e interiorización de los espacios y sus respectivas vivencias, por parte de unos ciudadanos dentro de su intercomunicación social.
Esto significa que la ciudad se mueve, se transforma, habla, cambia y se configura, no tanto por sus espacios físicos, como por sus habitantes. Por lo tanto, hay que reconocer que la ciudad también es un escenario de lenguaje, de sueños, imágines, esculturas y variadas escrituras. Armando Silva lo afirma diciendo que la ciudad es la imagen de un mundo, pero también del modo contrario: el mundo de una imagen, que lenta y colectivamente se va construyendo y volviendo a construir, incesantemente.

Armando Silva reconoce la ciudad como un territorio, el cual corresponde a una noción desarrollada en los estudios sobre conducta animal, por parte de los etólogos, pero también es una categoría que usan los geógrafos y los antropólogos en sus consideraciones sobre uso de espacios. El autor afirma que territorio fue y sigue siendo un espacio donde habitamos con los nuestros, donde el recuerdo del antepasado y la evocación del futuro permiten referenciarlo como un lugar que aquél nombró con ciertos límites geográficos y simbólicos.
Nombrar el territorio es asumirlo en una extensión lingüística e imaginaria; en tanto que recorrerlo, pisándolo, marcándolo en una u otra forma, es darle identidad física que se conjuga, por supuesto con el acto denominativo. “El territorio es algo físico, pero también extensión mental”: Armando Silva.
En estos territorios existen límites y bordes que marcan el final de un espacio físico.


El espacio no oficial es el imaginado por sus habitantes o el reconstruido por el imaginario de los novelistas que los transforman porque ven en él otros elementos no pensados por el diseñador. Es decir, el territorio tiene dos marcas: una, la oficial, la visible; la otra, la cultural, casi siempre invisible, imaginada, construida en el ámbito de la cultura del habitante, la particular.
Si un mapa es una representación continua, un croquis puede ser una línea punteada. Una novela urbana entonces es un croquis de lo urbano, es la representación de la ciudad y sus habitantes, es decir, es el imaginario construido por operaciones lingüísticas que condensan las visuales, las olfativas, las táctiles y las imaginarias propiamente dichas. 


Para Armando Silva todo este estudio, el cual lo aplica principalmente a las ciudades de Bogotá y Sao Paulo, pero en realidad es a toda América Latina, no es otra cosa que encontrar la manera en que los ciudadanos conciben las propias ciudades y construyen un imaginario colectivo de éstas. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario